Los de Abajo - Los de Abajo Cybertropic Chilango Power

Los desamparados de la ciudad de los chilangos

En la gran cumbre de los desamparados reunidos bajo la gran carpa de circo de ese cielo teñido que hay en México DF, los auténticos ciudadanos de México, aquéllos que sufrieron más de 500 años de abusos por parte del así llamado "Progreso" y de su indómita hermana la Corrupción, celebraron su liberación de la tiranía de la avaricia. Nosotros podíamos ver al subcomandante Marcos y a los camaradas del ejército de liberación sentados en los bancos, dándose la mano y bebiendo Pulque con otros dignatarios del pueblo. Desde el escenario podíamos distinguir entre otros al Ché, a Simón Bolívar, a Emiliano Zapata, a Pancho Villa, a Mariano Azuela, a Bob Marley, al Rey del Bongo, a Frida Khalo y a Super Barrio.

Reunidos cerca del escenario para entretener a las miles de personas que se agrupaban allí, cantamos por la libertad. Bailamos en igualdad. Entretuvimos con nuestra identidad intacta. Al fin no estamos solos.

Ante esta gran cumbre habríamos en otro tiempo hablado acerca del misterio de esta ciudad de Chilangos, el De Efe. Apenas unos cuantos pueden comprender su magia. Le explicamos a gentes de todo el mundo, especialmente a los gringos, que la ciudad de México es como la ciudad de Nueva York, pero en el mundo deforme de Bizarro en los comics de Superman —ese lugar más allá de toda dimensión, en el que nada parece estar bien, aunque sí lo esté para sus habitantes.

México DF es demasiado grande para someterse a un único sistema de reglas. La ciudad de México es una ciudad de tradiciones, de sorpresas, de constantes. En esa ciudad de Mexico tradicional nunca se sabe en quién se puede confiar, y la desconfianza engendra violencia. Cada uno tiene sus grandes amigos y en ellos se puede confiar. Pero también puedes tener la certeza de que cuando tus amigos estén en desacuerdo con el grupo de amigos de otra persona se desatará la violencia. La violencia se hace infinita porque la gente siente que el único modo de resolver las disputas es mediante matanzas.

En el México de las Sorpresas uno se sorprende de que se pueda caminar por una calle y presenciar la convergencia del tiempo. En la Plaza del Zócalo se puede ver a un lado el Palacio Nacional, el lugar en el que el Presidente idea modos de robar aún más a los ciudadanos. Al otro lado se encuentra la catedral, donde la Iglesia recibió permiso para robar a plena luz del día. También hay un centro comercial moderno que tiene permiso para robar a los consumidores. Y en la última esquina se encuentra la punta de una pirámide azteca que empuja desde abajo —un recordatorio del origen de todos los desamparados, Los De Abajo, que volverán para recuperar todo lo robado. Lo sorprendente acostumbra a inspirar las creaciones artísticas, y aquí las sorpresas se encuentran allá donde se vaya.

México nunca ha llegado a asentarse, está en constante renovación. Han intentado imponer sus leyes sobre nosotros, pero esto nunca ha funcionado. No somos europeos, aunque los europeos vinieran acá a establecerse. No pertenecemos a ningún otro lugar más que a este. Los políticos de occidente han intentado durante siglos que comulgáramos con ruedas de molino; jamás va a ocurrir. La Virgen de Guadalupe solía ser blanca, ahora es de color chocolate.

Durante la cumbre, las pancartas en negro y rojo sobre las cabezas de los grandes líderes leían las siguientes palabras en grandes caracteres: Libertad, Identidad, Igualdad ¿Qué otra cosa si no íbamos a estar celebrando? Los panfletos que se distribuían antes de la fiesta explicaban el significado de cada una de las palabras. Nos gustaron tanto que Los De Abajo decidimos incluirlas en las letras de nuestras canciones.

Decía: "La libertad es la facultad de ser quien quieras ser". Es cierto. Yo no quiero ser Superman, uno de esos tipos que salen en la portada de una revista. Quiero ser yo, tal y como soy en este instante. Quiero que se me respete por lo que soy y que no se me discrimine por el color de mi piel, mi acento o mi complexión física. A la mierda con todos esos que dicen que por haber nacido de una cierta manera ya estás jodido ¡Que se jodan ellos!

"La identidad consiste en saber quién eres", se podía leer. Toda esta fiesta consiste en eso mismo: en nuestra identidad mejicana. Hasta este día nadie fue capaz de entender quiénes somos realmente porque resultamos indefinibles como pueblo. Nuestra sangre está agitada porque somos los hijos bastardos del matrimonio forzado entre Jesús y Coyolxauqui. Tenemos un tío demente que se llama Sam y nuestro hermano se llama Emiliano. Navegamos por el Río Grande; en una de sus orillas somos ilegales y en la otra simplemente somos extraños. Extraños en nuestra propia tierra. La identidad es una sensación de encontrarse en constante evolución y verse seguro de ello.

Y este último ideal, la "igualdad", es algo que gusta mucho de comentarse en Occidente, aunque no acaben de entenderlo. Bajo dicho título figuran tres palabras: "Todos somos iguales".

En una de las canciones que cantamos durante la cumbre improvisamos algunas letras que tenían que ver con todo esto. Si no recuerdo mal, decían algo parecido a esto:

No hay gueyes mejores que otros
Ser igual no es un derecho concedido, es puro sentido común
Pisamos la misma yerba, nos sentamos en la misma silla que Bush
Él come, bebe, caga, igual que tú y que yo
¿Por qué tenemos que aceptar que haya gente que se crea superior a nosotros?
Cuando llegue el día en que unos invasores aterricen sobre la tierra
No se van a preocupar de decir: "Este es negro, este es blanco"
Sólo van a ver un grupo de seres humanos
Eso es todo, eso es todo, sólo somos humanos
Simplemente somos humanos

Demetrio Macías

Un desamparado

La ciudad de los chilangos

Septiembre del 2011

 

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